Tratar de controlar lo que está por sobre
tús propias jurisdicciones (tú propio carácter, imagen, pensamientos,
etc.) sólo te limita más a vos mismo, auto-succionando lentamente tú
propia libertad. Regresa, te pica el ano y vas dejando tristemente de ser
autónomo.
En general las personas que juzgan demasiado a
otros pretendiendo controlar, se juzgan de la misma manera a sí mismos y se
atormentan. Y la culpa les pesa, porque no se aceptan, porque se tienen miedo.
Con la misma vara rígida que con la que golpean sus propias nalgas, golpean
también las del resto. Porque la espontaneidad de otras personas les aterra, y
se mutilan por no verse en el espejo que les dice las cosas que les faltan a
ellos mismos. Para no ver su deformidad manipulan al resto y atacan el reflejo
que lo único que hacía era estar siendo sí mismo. Les duele, como si los
ofendieran, porque no comprenden que la autoridad sólo existe para hacernos
fáciles, dóciles e inseguros. Para que necesiten que les digan lo que tienen
que pensar y hacer. Hablan de autoridades “fundadas” ¿Fundadas en qué?
Subjetividad probablemente. Las verdades son tan difíciles de ver completas.
Para ser libre hay que tener unas pelotas
inmensas. Porque todo puede ocurrir y la realidad duele. Porque yo soy mi
propio juez y la verdad es tan bella. Porque de otra manera no respiro. Porque
no quiero ser una cosa y no quiero que otros lo sean tampoco.
Entonces, si te pica el culo y te estás quedando
sólo, respeta la libertad del otro, esa que termina justo donde empieza la
tuya.

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