Podrían haber pasado días, horas o sólo veinte minutos,
realmente no lo sé. No podría calcularlo. Tampoco me interesa creo. Estoy ahí,
sobre la cama, recostada sobre una almohada contra la pared, con la conciencia
etérea.
Había, sentadas en el piso de la habitación, unas cuantas
personas. No recuerdo sus caras, ni sus nombres. Podría ser que hayan estado acomodados
en un círculo o apoyados contra las paredes. Recuerdo los tonos claros, como
rayos de sol, entrando por alguna ventana. Eso, lo que hacía todo brillante y borroso. Y los colores saltando de
las cosas, a través de una lente rota. Con formas deformes, en la laguna mental
y algunos chistes lejanos. Seguidos de risas y más risas.
Porque entendíamos más de la cuenta para después disolvernos
en lo que no podíamos ser.
Porque lo habíamos escrito.
[Sólo no abras los ojos]

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