Las personas reales dejan su mierda descubierta, la miran
con cuidado y no la niegan, la respetan. No se juzgan, pero se analizan, se dan
tiempo, de ser, para entender que es lo que necesitan. Las personas reales
comprenden que otros también lo son, aunque a veces no lo saben. No los
condicionan, porque saben que su juicio no los ayuda, los limita.
El ego es muy sensible al reflejo de la propia oscuridad y cuando se quiebra se enjaula a sí mismo. El ente se distorsiona, se pierde. Por eso sugieren, no imponen, no manipulan, no controlan.
El ego es muy sensible al reflejo de la propia oscuridad y cuando se quiebra se enjaula a sí mismo. El ente se distorsiona, se pierde. Por eso sugieren, no imponen, no manipulan, no controlan.
Los reales buscan ser libres, ser autónomos. No persiguen fines que no conocen y entienden
que, si no valoran la poca belleza que se deja ver, esa que trastorna y
transforma, la que no está cubierta por sombras, máscaras de miedo ni culpas
ancestrales, preferirían morir. A seguir respirando esto, a seguir viviendo
dentro de la representación de lo que querríamos ser.
Sin ser.
Por eso repito,
Y lucho con todas las fuerzas de mi mente,
Porque no quiero,
Verte muerto una vez más, para llorar sobre tu cuerpo,
Que se dejó,
Y se vió la cara mientras caía,
Sin regreso,
En lo más profundo.
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