viernes, 1 de agosto de 2014

De cuando uno decide ir al supermercado en momentos inoportunos.

Entrás, capucha puesta. Luces blancas tipo reflector, el chino mirando desde la entrada sigue fijo cada uno de tus pasos. Caminas por entre las góndolas llenas de colores que te rompen la retina, pensando "¿Sará que lo hacen a propósito? ¡ahhh, quemaa!". Vas a pedir algo de fiambre y la china que te atiende te mira desconfiada mientras va cortando el jamón lentamente, escribe el precio y te lo entrega sin mirarte a los ojos. Con el paquete en la mano vas hasta el fondo del local a buscar lo que te falta y, entre que te quedás parado unos momentos incalculables mirando los estantes llenos de papas fritas, preguntándote como es que hicieron para tengan sabor a carne asada con papas, miras para el costado y ves al hombre gigante de la carnicería del fondo que te devuelve la mirada mientras sostiene un cuchillo, con una gotita de sangre cayendo de la punta en cámara lenta.
El tiempo se detiene un momento, la lógica queda relegada a los confines de tu mente que en algún momento estuvo menos alborotada. "Carajo, me tienen rodeada". Acto seguido tirás lo que tenías en la mano, se prende fuego tu pelo, salís corriendo y gritando. (?)

1 comentario: