El otro día, mientras hacía la
cola entre las góndolas llenas de golosinas y 2x1 para pagar en el Farmacity, vi por ahí colgadas valijitas Jack, las de Fel-Fort. No eran las de siempre,
amarillas y con personajes de los Simpsons. Sino otras, celestes y rosas, para
nena y para nene correspondiéndose con cada género el color. No vi por ningún
lado las amarillas.
Sentí una especie de regresión
social, que al momento me dejó pensando. Los padres que no piensan demasiado en
cómo ser padres comprarán el nuevo producto adaptado a su hijo o hija. Las
nenas recibirán rosa y los nenes celeste. Ellas tendrán espejitos, bijou
pedorra de plástico y peinecitos. Ellos, pequeñas armas, monstruitos babosos y
figuritas de hombres de acción. Y más ítems incluidos en los dos estereotipos.
Ellas creerán que las mujeres son solo princesas y ellos que los hombres son
sólo fuertes. No sólo lo vi en las valijitas, hace como dos años que salen ediciones de huevos Kínder y otras golosinas que vienen así, como los juguetes
para nenes y nenas de diferentes edades que ya existen hace tanto tiempo.
Pero, ¿por qué marcar las diferencias?
¿No es mejor dejar que el niño construya su propia identidad? Tal vez se siente
más libre, piensa otras cosas y es hasta mejor persona. Sin ir más lejos, ¿No
le hubieran ahorrado el trauma a miles de homosexuales cuando niños? Tal vez no
los hubieran juzgado tanto si no les hubieran dicho que las niñas para ser
niñas tienen que ser princesas (mujer hermosa y “femenina” con la voluntad
sujeta a la de su padre, vendida al mejor postor) y los niños, fuertes hombres
que no lloran.
Entonces, ¿de dónde viene todo
esto? Es como si hubieran encontrado una manera más de contribuir a perpetuar
la enseñanza a través del medio de la manera en la que debes ser si sos niño o
niña. Como si hacer lo contrario te anulara como ser. Como si accedieran
voluntariamente a comportarse diferente a lo que sienten por miedo a no ser
incluidos socialmente.
El estereotipo marca parámetros
para diferenciar, en este caso géneros, con características que no son
inherentes, sino arbitrarias e impuestas para un fin. Como por ejemplo, crear
modelos de hombres y mujeres perfectos para el consumo.
¿Es una coincidencia que, cuanto
más estúpida y dependiente de otros es una mujer, más consume?
Y siguiendo la misma línea, ¿es
coincidencia que cuanto más frío y estúpido es el hombre, también, más consume?
Como si hubiesen analizado el
deseo natural de la especie por querer llenarse. Entender más, conocer más,
llegar más lejos, ser mejor que otros, progresar y ser cada vez una versión
mejor de uno mismo. Deseos comunes que parten de esa necesidad. Es como si lo
supieran y jugaran con eso.
Cultural e históricamente a la
mujer se la ha relegado a permanecer a espaldas y sombra de su autoridad
masculina. Mismo hoy, que ya no somos tan estúpidas, he conocido un sin número
de situaciones en las que mujeres
dependen mucho más del afecto de un hombre que el hombre mismo.
Delegan a otros diferentes aspectos de su vida, que solas podrían estar
resolviendo sin ayuda. La eterna espera de ciertas cosas que no necesariamente
tienen que venir de otras personas. Princesas traumadas, lastimadas y con la
autoestima baja, se entregan a los peores imbéciles que no tienen idea de cómo
quererlas.
He conocido también muchos hombres esclavos de su propia hombría, con esa obsesión de tenerla cada vez más larga,
expelen sus instintos más animales y se convierten en seres que no respetan a
nadie. Que no saben querer ni expresar lo que les pasa. Vacíos, solos y fríos.
Tratan mal y se abusan del poder que su misma cultura les viene dando
injustamente hace muchos siglos.
El vacío por lógica genera ganas
de llenarse, con lo que sea. Cuando las personas consumen mucho en general se
trata de que necesitan llenar partes de sí mismos que con sus elecciones de
vida han ido vaciando o no llenaron nunca. En mayor o menor medida, dependiendo
de qué y que tanto necesitemos y con qué fin estemos consumiendo dicho ítem que
queremos.
Entonces, volviendo al principio,
si criamos hombres fuertes y mujeres princesas, insensibles y fríos, estúpidas
y dependientes, vamos a estar criando seres vacíos, consumistas por excelencia.
Cuanto más pegados estemos al estereotipo, más vamos a estar regalando nuestra
vida a las ganancias de miles de
empresas que propician cada vez más esta sociedad de consumo.
Ya lo he dicho antes, hay que
dejar de defender lo que nos viola. Analizar nuestras propias conductas y
deducir de donde vienen nuestros deseos y pulsiones. Que tan reales son, que
tanto nos benefician y que otro tanto son sólo una mentira.
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