Escupí a la frivolidad en la cara,
le dije que era puta,
mientras la golpeaba fuertemente en todas sus formas,
en todos sus moldes,
hasta hacer sangrar mis nudillos.
Escupí con desprecio y la quise muerta,
Entonces los vi,
humanos,
los vi bellos,
los vi hermosos
y lloraron sobre mí,
sobre su vacío,
sobre su poca realidad.
Lloraron por la existencia,
y la tristeza infinita de sus lugares más oscuros.
Lloraron por sentir algo.
Y en los ojos nos quedamos,
recibiendo lo que nos nutre,
por un segundo,
de alivio.
Por un segundo...
Ser real no es nada fácil.
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