Situación, domingo a las 7 am, volviendo a mi
casa en taxi, desde la picante zona del Abasto. Justo cuando acabo de subirme,
se desata casi al lado del auto, una especie de pelea. Un chico de camisa, muy
bien vestido es perseguido por otros dos que salen de una casa donde son
esperados en la puerta por un tercero que no para de reír. Lo persiguen media
cuadra y dan media vuelta también riendo.
- Mirá como le roban, esta zona es una porquería - Me dice el taxista.
- Lo están corriendo por careta, salieron de esa casa, no lo van a robar - Le contesto - ¿Le molesta que me ponga los anteojos? Tengo la vista bastante cansada.
- No, esta bien, en esos boliches siempre esta lleno de humo, te irrita los ojos.
- Lo están corriendo por careta, salieron de esa casa, no lo van a robar - Le contesto - ¿Le molesta que me ponga los anteojos? Tengo la vista bastante cansada.
- No, esta bien, en esos boliches siempre esta lleno de humo, te irrita los ojos.
- Si, también lo que pasa es que fumo mucha marihuana – Al momento
me doy cuenta de que mi comentario puede ser tomado a mal, pero mientras estoy
terminando de decir la frase el chofer comienza contar la siguiente historia.
- Este es mi último viaje, después tengo una mudanza, tengo
que traerme a mi casa todas las cosas que quedaron de mi suegro, murió hace
poco. Como tenía mucha plata, siempre le gusto la vida buena, ¿sabes a lo que
me refiero? – Me lanza una mirada cómplice – Era un tipo que cambiaba los
muebles de la casa todos los días – Yo escuchaba el monólogo sin saber bien a
colación de que contaba la historia, tratando de a ratos de hacerle
comentarios. Pero seguía hablando como si yo no estuviera allí - por comer
mucho – seguía --las venas se le llenaron de grasa y tuvieron que internarlo en
el hospital, le pusieron una sonda en el estómago – me muestra con el dedo en
su propio abdomen el lugar – Unos días más tarde salió del hospital y yo lo fui
a buscar, cuando estoy con él en el coche me dice “tengo hambre, llevame a
comer algo”, yo no lo contradije porque no quería que se ponga decirme cosas,
aparte él pagaba y estaba acostumbrado a hacer siempre lo que quería. Así que
lo lleve a una pizzería, entró y se pidió una pizza con todo. A lo semana
siguiente murió. –
Cuando termina, justo para en el semáforo y se queda mirándome
como queriendo que yo entienda algo. Sin entender mucho de nada, le indico donde
tiene que doblar para llegar a mi casa. Al parar, mientras está cobrándome, todavía
sin darme el vuelto agrega “Y claro,
ahora me quedo con todas las cosas, pero me espera un día largo”. Tomo el
vuelto y me bajo deseándole buena suerte.
La buena vida = terminar reventado por comida.
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