Se chocan entendiendo que no pueden evitarlo, cuerpos, sudor y gotas gruesas que descienden frías y circulan por la piel. En sólo un segundo, su cara se transforma muchísimas veces. Su mirada, disuelta en el aire, desesperada por encontrar la salida, dispara hacia el techo cubierto de luces y agitando las manos señala lo que el inconsciente le dicta al oído. Salta frenéticamente, retorciéndose primitivo, se instala en el instinto y ahí se queda.
No puede oír lo que grita, por mas que se esfuerza hasta romper su garganta el sonido lo envuelve todo, permitiendo que solo existan las islas. Se le inunda el cuerpo de voces internas, con movimientos bruscos, furiosos, articula vocablos que al mezclarse con el aire pierden el sentido de lo que necesitaba decir. Se detiene, se aleja, ya ninguno lo percibe, mientras su cara continua transformándose una y otra vez.
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