martes, 16 de abril de 2013

Antecediendo las lluvias


La lectura es lo que le da forma es esta imagen. El claro ejemplo de la volatilidad mental que inunda mi cerebro en este momento. Es como si todos los discursos se hubieran puesto de acuerdo en querer hablar hoy y al mismo tiempo. Mezclados, fusionados y profanados en su esencia. Pareciera calculado, premeditado y no paro de buscar sinónimos, términos que acuden dando color a lo que trato de explicar. Necesito completar conceptos con otros porque no me parecen suficientes. Se podría escudar alegando que, esta abundancia radica solamente en una cuestión de estilo y ritmo. Estilo, el gran refugio de los discursos incomprendidos, la gran excusa a los reproches por esa molesta pluralidad. Me aturde de tal manera que en cuanto trato de evitarlo, desarrollando la idea con más precisión, no tiene más que volver a reincidir en las partes posteriores, reapareciendo en el texto. Los vicios como este se vuelven marcas personales, debería reparar en ellos con un poco más de atención.

Sin ir más lejos que mis pensamientos de esta tarde, el viento de lluvia ocasionó más problemas de los que pensaba. Este clima ambiguo, primaveral en agosto, solo hace que mis meditaciones se vuelvan más nostálgicas. El olor ocasional en el recorrido por las calles transporta a otras dimensiones, otros tiempos y me encuentro recordando pedacitos de realidad que ya nadie necesita, ni siquiera yo misma. ¡El viento, el viento tiene la culpa!, cuanto mas potente se torna, mas olores viajan con el  y mas revuelven mis pasados. Aunque es probable que, si no tuviera tanto que recordar, ese viento sería una variable mas mencionada en el conjunto de amigable sentir primaveral.

En general, la inspiración se presenta cuando el genio acompaña. Me siento a escribir y ¿a que precio?, me pica, me pica, me pica el puto animo. Me lo tuerce, me lo enrosca. Termino taciturna, pensando en improbables. El eterno y estúpido padecimiento, los humos de romántico.

Un lugar con aire, una ventana abierta, mi puerta abierta, un túnel con plantas y macetas que dan al exterior… El desvarío se vuelve tal que olvido que, una forma tan abrupta de abordar el tema puede tener consecuencias desafortunadas en el lector. Por ejemplo, no entender ni mierda de lo que escribo. 

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