Tus palabras
te limitan, y se eliminan al momento que intentas reproducirlas en voz
alta. Cuando pensás en todo lo que
necesitás pensar. Cuándo pensás que harás contigo. Con tú conciencia volátil,
con tú voluntad desmedidamente caprichosa. ¿Qué harás entonces, contigo?
¿Cuándo ya no te quede nada en que pensar? ¿Cuándo ya no te quede nada que
quemar? Porque recuerdo de lo fácil que se te hacía expresarte y decir lo que
tus pensamientos morían por transmitir.
¿Habrá sido
la ansiedad la que te dejó atrapada en esa secuencia continua y macabra que no te permite
salir de la mismísima materia ansiosa que te mantiene encerrada?
Con una
cinta en tu boca, las manos atadas detrás de tu espalda y los pies amarrados
entre sí a una cadena.
La ansiedad
difumina los vectores. Y se manifiesta la energía incontrolada, que quiere
desesperadamente pero que no necesita. Arde, la presión ininterrumpida de eso
que te pide que te ocupes de algo que no tenés
bien claro que es. Y ya habiendo podido concentrarte en alguna cosa de
interés, porque claro está, que ya es cada vez más difícil encontrar temas que
te deslumbren la atención, te detenés
unos momentos antes de poder darte
cuenta que ya estás en cualquier otro lugar pensando en cualquier otra cosa.
Creo que la misma terquedad fue construyendo gradualmente tu cautiverio, barrote tras barrote, te fuiste encerrando en los supuestos que parecían no tener solución. Tal es así, que aún solucionados, el trayecto hasta llegar al resultado, habría sido tan arduo que la solución en sí ya no era tan importante. Y lo que se había resuelto ya fuera o no relevante, sólo había generado más de esta energía que no te permite ser.
Dependés y
no querés depender. Y eso que, después de tanto tiempo ya no te cuesta casi
nada quedarte sola y soportar tus ánimos, por más extremos que puedan ser. Pero
es la ansiedad, la ansiedad te esta trastornando. Momentos que deberían ser
tranquilos, porque en comparación, no están habiendo demasiadas presiones ni
pasiones. Aun así te ahogas en tú propia saliva cada vez que sentís que las
cosas te superan.
Será que
tomar conciencia es una manera de comenzar a quebrar el loop. Conciencia
durante el acto, para revertirlo en el punto justo en el que sucede. La
conciencia dentro de la inconsciencia es la más complicada. Como un episodio onírico semiconsciente, donde tus habilidades están atadas a los vaivenes inconscientes
que te pulsan a seguir desarrollando la directiva del sueño.
Complicado de hacer solo, porque llegado el caso, la subjetividad de la observación, sumada a los devastadores ánimos que te ordenan encerrarte dentro de tu círculo de protección, taparte hasta las orejas y no querer volver a escuchar a nadie nunca más. Son trabas que ni con la abstracción más profunda se podrían llegar a solucionarse estando sola.
Dimensionar,
dijiste el otro día. Lo que ocurre en cuestión, con respecto al resto del mundo
y sus dimensiones. Respecto a otros aspectos de tú vida, a otros amigos, a
otras parejas. Dimensionar para entender que tan importante y grande es aquello
que te está quitando la cordura. ¿Será
que la ansiedad también alimenta eso, haciéndolo ver todo más grave de lo que
parece?
Así es que siente que convive con la
sombra de un dragón gigante y escamoso que la acompaña donde camina. Que ruge y ataca a quien
no confía.
Porque ella es belleza en el caos,
Y no quiere verse rota más veces,
Ni sentir que se le escapa,
Esa volátil necesidad de ser.
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