miércoles, 13 de mayo de 2015

Salpicadas

Epifanías de la vigilia que me mantuvieron semi-dormida observando todo lo que podría llegar a ser.

Te veo en el suelo, suplicándole a otro que no continúe, como sí te estuviera golpeando. Te veo huir, gruñir como un gato salvaje, mostrando feroces colmillos y correr hacia lo oscuro como un lobo asustado, mientras tu interlocutor queda suspendido, parado sin moverse, mirándote con los ojos huecos. Mientras el fondo cambia y estoy dándome un baño. Aplico el shampoo y rasco mi cuero cabelludo, delineando párpados que se van abriendo a medida que termino de recorrerlos. Llenando mi cráneo de ojos con pestañas larguísimas. Mientras el agua cae, con jabón. Lentamente sobre mis hombros. Miro, mis pies, otra vez el agua se acumula y la presión va disminuyendo lentamente. Pienso que debería describir los tipos que van saliendo a medida que me seco el pelo. Que hablan tanto de mí como mis palabras y mis actos.



Me recuesto, siento a kali acomodarse sobre mi cintura, cierro los ojos y la función empieza otra vez. 

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