Epifanías de la vigilia que me mantuvieron
semi-dormida observando todo lo que podría llegar a ser.
Te veo en el suelo, suplicándole a otro que no
continúe, como sí te estuviera golpeando. Te veo huir, gruñir como un gato
salvaje, mostrando feroces colmillos y correr hacia lo oscuro como un lobo
asustado, mientras tu interlocutor queda suspendido, parado sin moverse, mirándote
con los ojos huecos. Mientras el fondo cambia y estoy dándome un baño. Aplico
el shampoo y rasco mi cuero cabelludo, delineando párpados que se van abriendo
a medida que termino de recorrerlos. Llenando mi cráneo de ojos con pestañas
larguísimas. Mientras el agua cae, con jabón. Lentamente sobre mis hombros. Miro,
mis pies, otra vez el agua se acumula y la presión va disminuyendo lentamente.
Pienso que debería describir los tipos que van saliendo a medida que me seco el
pelo. Que hablan tanto de mí como mis palabras y mis actos.
Me recuesto, siento a kali acomodarse sobre mi
cintura, cierro los ojos y la función empieza otra vez.

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