miércoles, 9 de julio de 2014

Pesadilla lúcida

Es de noche, estoy en una cama que se supone que es la mía, ubicada contra la pared. El silencio oscuro en el cuarto austero, con sombras que se diluyen en los rincones que desde mi ángulo no alcanzo a ver. Del otro lado, duerme mi hermana, junto al ventanal que deja que la luna confunda más todavía mi visión entremezclada con el sueño. Hay una mesa de luz en el medio y una cruz de madera en la pared de en frente, mirándonos desde el fondo blanco inmaculado. 
La sensación de que no estoy sola se va apoderando de mi cuerpo, hay un movimiento constante y claro en la oscuridad que me aterra. La inconsciencia consciente del escenario onírico confunde, a tal punto que no se si salir corriendo o quedarme a ver que pasa. Como el impulso perverso al peligro o al dolor, siento que debo despertarme, hay una presencia cerca mío que me deja sin aire.
Ahí, con su humanidad fornida, el pellejo fibroso y negro como la noche más intensa. Sus cuernos cortan la luz formando dos grandes sombras en la pared, que se combinan con el hedor húmedo que sale de sus fosas nasales que se abanican violentamente. Sudor caliente recorre mi cuello, gotas gruesas que llegan hasta mis piernas enroscadas en las sábanas. Lo miro fijamente y no parece notarme. Comienza a levantar sus brazos lento, como si fuera realmente pesado, un círculo grueso de metal dorado, con el que, al llegar a su cabeza, se corona.
Siento el frío del terror en mi garganta seca y una navaja afilada en mi cien. Me incorporo con el impulso más real que encuentro y salto del colchón para dar a parar en el pasillo. Mi madre, quiero a mi madre. Mi al rededor plagado de sombras y yo corriendo cada vez mas rápido.
Llego a la escalera y comienzo a bajar, casi no veo nada. Algo me topa el paso y de algún lugar de esa oscuridad horrible sale una mano que me agarra fuertemente la cintura. Atino a estirar mi brazo y a agarrar con fuerza lo que esta  delante mío. Casi sin poder respirar, clavo mi mano allí,  que se hunde, en una mezcla pegajosa de pelos y dedos cortados. Entonces tiro, cierro mis ojos y tiro. Más fuerte...
Pienso, relajo mi abdomen. Pienso más, y mis brazos se relajan. Abro los ojos, creo que todo era un sueño.

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