Aceptar el cambio va de la mano con la idea de que, no importa lo que hagas, te vas a morir igual. Hasta no tener conciencia real de ello, continuamos tratando de conservar realidades que ya no existen más. Cuando la memoria se convierte en un arma con dos filos, en la que reside nuestra identidad y al mismo tiempo nuestra muerte prematura.
lunes, 9 de enero de 2017
Tiempo
Estamos atados al paso del tiempo, cualquier entidad que se va, si regresa, ya no es la misma. Y si no es reversible, porque si pasó ya no existe, porque ya no esta establecida de la misma manera, pretender retenerla como si fuera igual al recuerdo no tiene mas sentido que el comfort de necesitar saber que no todo lo que nos rodea perece. Porque si todo perece, nosotros también, con nuestras seguridades.
Aceptar el cambio va de la mano con la idea de que, no importa lo que hagas, te vas a morir igual. Hasta no tener conciencia real de ello, continuamos tratando de conservar realidades que ya no existen más. Cuando la memoria se convierte en un arma con dos filos, en la que reside nuestra identidad y al mismo tiempo nuestra muerte prematura.
Aceptar el cambio va de la mano con la idea de que, no importa lo que hagas, te vas a morir igual. Hasta no tener conciencia real de ello, continuamos tratando de conservar realidades que ya no existen más. Cuando la memoria se convierte en un arma con dos filos, en la que reside nuestra identidad y al mismo tiempo nuestra muerte prematura.
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