miércoles, 28 de octubre de 2015

INDIVIDUAL

Como fé de erratas salvaré los ejemplos, pocos realmente, en los que he visto parejas, amistades, relaciones interpersonales en general, que se respeten y acepten por prolongados períodos de tiempo. Y conserven la relación, siempre tratando preservar las individualidades, por los beneficios y el crecimiento que se recibe de ambas partes, principalmente evitando controlar lo que la otra parte es o hace. 

Sostengo que, en la mayor parte de las relaciones, si los egos no sé controlan, como proceso inconsciente y primitivo, terminan siendo luchas de poder que no terminan hasta que uno logra subirse sobre él otro o, en el mejor de los casos, eligen seguir caminos separados.

Hay ejemplos concretos por montones. Porque, si la otra parte no se ajusta nuestra imagen ideal de la persona que presumimos que el otro es, esta imagen, normalmente arbitraria y dictada más que nada por necesidades propias que vemos de alguna manera resueltas en el otro, tendemos a tratar de cambiarla, juzgando al espejo hasta que las sintonía se ajuste. Entre lo que queremos que el otro sea y lo que en realidad es.

Desde lo más básico, trato de no me relacionarme con personas que juzgan mis actos, mis palabras, por lo menos en mis manifestaciones más inmediatas. Es simplemente annoying e incluso bastante creepy. Juzgar es un problema personal, que no tiene que ver con lo juzgado en cuestión, sino con lo que refleja.  Casi como tener la evidencia en el espejo cada mañana y no darme cuenta de tener la cara de lo que odio.

Volviendo a los ejemplos,

Poner matices persuasivos en lo que tratamos de que el otro cambie, cuando hablamos, en nuestras construcciones sintácticas. Si se les presta atención, suelen reflejar las intenciones reales. Es una manifestación de que no nos agrada la manera en la que el otro se maneja, habla, actúa. Así seguimos contando, con apoyo o sin apoyo de terceros que avalen nuestra necesidad egoísta de amoldar al otro a mi propia persona.

Particularmente, cuando se establecen enamoramientos, ya sea por tiempo, acostumbramiento, idealización, manipulación o lo que sea, que no están basados en amor real*, se crea de la misma manera, un lazo que pareciera de carne, como una extensión de mi cuerpo en el otro. Una vez pasado este límite, el más débil, como la ley de la selva más siniestra, quedará bajo la tutela del otro, obligado a parecerse lo más posible a la imagen ideal que el opresor desea del subyugado. A riesgo cortar brutalmente este lazo de carne.

La conciencia salvará al oprimido de su destino, porque el dolor estará igual, tanto si se queda y  se vuelve un objeto atando su voluntad a la de su tutor o si decide cortar la carne con un cuchillo, aunque sus emociones no lo entiendan, sangrar, liberarse y correr con la individualidad que le quede hacia cualquier otro lugar.

¿Porque tomarse el trabajo de tratar de cambiar a alguien habiendo tantas personas diferentes? ¿O en empeñarse por interferir en situaciones que no me influyen en nada? Con respecto a mi vida, contexto y demás.

El vacío individual, cuanto más profundo más necesitará de otros, por cuestiones de lógica pura. Yo nos veo como bolsas que siempre necesitan llenarse, como proceso inconsciente, él que no siente se aburre, se apaga. El conflicto es un simulador, afecta a otros egoístamente al incluirlos en él por la propia necesidad de sentir lo que sea. Pero llena de humo y, al final no hay nada.

Sólo será cuestión de entender a conciencia cruda que es lo que meto en ella. 

Para no lastimar, 

para que no me lastimen. 

Para no objetivar a nadie,

Para no apagar a nadie.



*Haciendo una referencia a lo que antes llame amor real, que espero que dé más este decirlo, aunque lo haré de todas formas. Implica mínimamente, empatía y aceptación además del deseo de que el otro crezca como individuo, independientemente de las relaciones que establezca, partiendo de bases de respeto y cuidado tanto físico como mental y emocional de las partes, a través del tiempo y el espacio, con palabras y gestos. 

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