Los débiles se vuelven serpientes enroscadas,
manipulan y destilan sus fantasmas,
sin control, sobre otros desprevenidos.
Los dejamos hacer y deshacer,
riendo a carcajadas con descolocados ecos,
que rebotan en las paredes de nuestras mentes trasheadas.
Cuando causan disturbios explosivos que nos florecen en la cara,
con mas frecuencia y mas olvido a la vez.
Dejarlos ser y explotar.
La realidad del sentimiento es legítima,
tan legítima como el amor y la bondad,
tan genuina como la verdad y la libertad,
tan necesaria como todo lo demás.
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